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Dale una segunda vida a ese mueble viejo: Guía definitiva para pintar sin morir en el intento

23/01/2026 10:00h

Seguro que tienes alguno, todos tenemos alguno. Me refiero a ese mueble de pino color miel de los años 90 olvidado en el rincón del salón y casi pidiendo clemencia, o a esa cómoda de melamina blanca que ha amarilleado con el tiempo, o quizás, a esa mesita de noche heredada, que tiene una diseño increíble, pero un barniz oscuro y brillante que ha envejecido muy mal, y lo desluce completamente.

La primera reacción suele ser: "Voy a tirarlo y compro uno nuevo". Pero luego miras los precios, miras la calidad de lo que venden ahora (que a veces parece cartón) y piensas... "¿Y si lo pinto?".

Ahí es donde empiezan los miedos, miedo a que quede fatal, miedo a que la pintura se levante “a los dos días”, o miedo a que se noten los brochazos. ¡Tranquiidad!, afortunadamente pintar muebles viejos no es física cuántica, pero tampoco es tan sencillo como se explica en esos vídeos cortos de 15 o 30 segundos de Instagram. Hay algunos trucos interesante, y también hay tiempos de espera, pero sobre todo, hay errores de novato “a evitar” a toda costa.

Prepárate y ponte ropa vieja, que vamos a transformar ese mueble antiguo en la “joya” de la estancia.

 

Paso 1: Analizar el mueble (No todos los muebles son iguales)

Antes de ir corriendo a la tienda a por el primer bote de pintura, párate un segundo delante de tu mueble. Tócalo. ¿De qué está hecho? ...esto es importante, porque dependiendo de esto hay que ajustar el procedimiento:

1. Madera maciza barnizada: Es el clásico mueble robusto y pesado. Tiene una capa de barniz brillante o satinado encima. Aquí la pintura resbalará si no hacemos algo antes.

2. Madera virgen (natural o en crudo): Es madera sin tratar (como las cajas de fruta o muebles de pino baratos sin barniz). Esta madera "chupa" pintura como si no hubiera un mañana.

3. Melamina o "plastificado": Son los típicos muebles de cocina o los muebles baratos de grandes superficies. No es madera, es un papel plastificado pegado sobre aglomerado. Aquí el poro está totalmente cerrado.

 

Paso 2: Preparar la superficie (es la parte aburrida que nadie quiere hacer)

El éxito al pintar un mueble es un 70% preparación y un 30% pintura. Si te saltas este paso, es muy posible que el resultado termine siendo un desastre.

 

La limpieza "extrema"

No es suficiente con pasar un trapo. Ese mueble ha ido acumulado grasas, puede que ceras de abrillantado y limpieza, y sobre todo polvo y suciedad durante años... Si pintas sobre grasa o cera, la pintura se abrirá y hará unas calvas horribles (se llama efecto silicona).

Coge un trapo y alcohol de quemar o un desengrasante potente de cocina. Frota bien toda la superficie. Si el mueble es de cocina, insiste el doble. Tiene que quedar impoluto y completamente seco antes de pintarlo.

 

¿Lijar o no lijar? Esta es la gran pregunta

Aquí es donde la gente se divide. Han salido muchas pinturas (tipo Chalk Paint) que prometen que "no hace falta lijar". A ver, por poder, se puede. Pero nuestro consejo es: lija siempre un poco, no hace falta decaparlo entero, solo necesitas "matar el brillo" y abrirle el poro.

Pasar una lija de grano medio (150 o 180) suavemente por todo el mueble crea unas micro rayaduras invisibles en donde la pintura se agarrará con fuerza. Es como intentar escalar una pared de cristal liso y sin lijar, o una pared de roca rugosa (lijada). ¿Dónde te agarrarías mejor?... Pues la pintura igual.

Después de lijar, limpia muy bien el polvo con un trapo limpio y seco, en este paso utilizar un aspirador puede ser muy buena idea.

 

La cinta de carrocero y el papel de periodico

Protege muy bien todo aquello que no quieras pintar: cristales, bisagras (si no las has desmontado, que sería lo ideal) o el suelo. Perder unos minutos encintando y empapelando muy bien, te ahorrara mucho tiempo de limpieza después.

 

 

Paso 3: Eligiendo las armas (Pinturas e Imprimación)

Aquí es donde la mayoría se confunde. Vamos a simplificarlo.

 

El comodín: La Imprimación (Primer)

La imprimación es una "pintura" blanca muy densa y pegajosa que sirve de puente entre el mueble y la pintura de color.

- ¿Es obligatoria? Si el mueble es de melamina, plástico o tiene un barniz muy brillante: SÍ, IMPRESCINDIBLE. Es la única forma de garantizar que no se desconche con mirarlo.

- ¿Cuándo me la puedo saltar? Si usas Chalk Paint (pintura a la tiza) sobre madera porosa, a veces puedes obviarla. Pero si quieres ir sobre seguro, dale una mano. Además, si pasas de un mueble negro a uno blanco, la imprimación te ahorra gastar botes y botes de pintura cara para cubrir el fondo.

 

Opción A: Chalk Paint (Pintura a la Tiza)

Es la reina del DIY, y con razón.

- Lo bueno: Es muy densa, cubre muchísimo, es al agua (no huele, se limpian los rodillos y pinceles bajo el grifo), y tiene un acabado mate, aterciopelado, muy decorativo. Es ideal para dar aspecto rústico, vintage o envejecido.

- Lo malo: Es una pintura "blanda", que se raya con facilidad y que se mancha si no la proteges (hablaremos de esto al final). No es adecuada para la encimera de una mesa de comedor o un mueble de cocina que va a tener mucho “trote” diario.

 

 

Opción B: Esmalte-Laca (Acrílico o Sintético)

Si quieres un acabado moderno, liso y sobre todo resistente (tipo mueble de tienda actual), olvida la tiza y ve al esmalte.

- Acrílico (al agua): No huele, seca rápido y no amarillea con el tiempo. Es lo mejor para muebles de interior blancos. Su resistencia es media-alta.

- Sintético (al disolvente): Huele fuerte lo que obliga a ventilar, además necesitas aguarrás o disolvente universal para limpiar las brochas y rodillos, y tarda algo más en secar… ¡Pero es duro como una piedra! Ideal para muebles que van a sufrir mucho (mesas, sillas, puertas). Ojo: los colores blancos tienden a amarillear con el paso de los años.

 

 

Paso 4: Manos a la obra (Técnica de pintado)

Ya tenemos el mueble limpio, lijado y (quizás) imprimado. Toca dar color.

Herramientas: No seas tacaño, una brocha barata que suelta pelos te arruinará el trabajo. Compra una paletina de fibras sintéticas suaves (para que no se noten las marcas) y un rodillo de espuma flocado, ambos de buena calidad. El rodillo deja un acabado liso industrial, la brocha deja textura artesanal. Tú eliges…

Truco: Es mucho mejor tres capas finas que una gruesa.

Este es el error número uno, queremos cubrir el color antiguo de una sola pasada y cargamos el rodillo “a tope”, ¡Error! Si pones mucha pintura, chorreará (se harán "goterones"), y también tardará una eternidad en secarse por dentro, para finalmente quedar con una textura extraña, como gomosa y además “fea”.

La primera capa siempre debe ser fina, seguramente se transparentará el fondo y quedará a parches. No te asustes, es normal. Deja secar el tiempo que diga el fabricante (y un poco más si hace humedad) y a por la segunda, y después la tercera si es necesario.

Un tip “pro”: Entre capa y capa, cuando ya esté bien seca la pintura, pasa una lija de grano muy fino (320 o 400) o una esponja de lija gastada. Pásala muy suave, no queremos quitar pintura, solo queremos eliminar las micro rayas, las burbujitas y las motas de polvo que se hayan pegado. Después pásale un trapo limpio y seco para quitar el polvillo y aplica la siguiente mano, verás como la superficie queda completamente lisa y suave.

Repite el proceso hasta que el color sea sólido y uniforme. Normalmente con dos o tres manos puede ser suficiente.

 

Paso 5: El toque maestro (Efectos y Estilos)

Si solo quieres cambiar el color, salta a la siguiente fase. Pero si quieres darle un aire algo más exclusivo y decorativo, aquí tienes dos técnicas sencillas:

 

1. Decapé o desgastado:
Consiste en que se vea la madera o el color de fondo en las zonas de roce (esquinas, molduras, patas).
Pinta el mueble de un color claro. Cuando esté seco, coge una lija media y frota en los bordes y esquinas con decisión hasta que asome la madera de abajo, esto le da un aspecto de "mueble vivido" muy llamativo.

 

2. Lavado (o velado):
Si quieres que se vea la veta de la madera, pero con un tono blanquecino o grisáceo. Mezcla pintura con agua o disolvente 50-50 (dependiendo de si es acrílica o sintética). Pinta un trozo y, antes de que seque, pasa un trapo de algodón retirando el exceso. La pintura se quedará metida en la veta y teñirá la madera sin taparla.

 

Paso 6: La protección final (¡No te saltes esto!)

Has terminado de pintar. El mueble está perfecto y precioso. ¿Ya está?... pues NO.

Si usas esmalte de buena calidad, quizás no necesites una protección “extra”. Pero si has usado Chalk Paint o pintura a la tiza, el mueble ahora mismo es como una esponj, si cae una gota de vino o café, se quedará la mancha para siempre. Tienes que "cerrar" ese poro.

Para esto hay dos opciones posibles:

 

La Cera

Es la opción más cálida y tradicional.

- Se aplica con brocha redonda o un trapo de algodón (una camiseta vieja va de lujo), haciendo círculos, a base de paciencia hay que ir avanzando poco a poco.

- La cera nutre la pintura y le da un tacto sedoso increíble, y también sube un poco el tono del color.

- Truco: Existen ceras oscuras o blancas para crear pátinas y envejecer el mueble.

- Mantenimiento: La cera desaparece con el tiempo. De vez en cuando tendrás que darle un repaso para que no pierda su lustre.

 

 

El Barniz

Es la opción más habitual, recurrente y todoterreno.

- Usa siempre barniz del mismo tipo de la pintura, acrílico o sintético, incoloro o con color al gusto, y del acabado que prefieras: mate o satinado, el acabado brillante está descartado, recuerda que venimos de eso, salvo que lo quieras brillante si o si, al final es una cuestión personal y de gustos.

- El barniz, crea una película dura que repele el agua y protege de los golpes.

- Es la opción más adecuada para mesas, sillas o muebles de baño. La cera aquí no aguantaría casi nada…

- Aplica siempre dos manos de barniz, dejando secar muy bien entre ellas.

 

Paso 7: Los detalles finales 

El mueble ya está pintado y protegido, pero le faltan los detalles como por ejemplo los tiradores.

Por favor, no pongas los tiradores viejos oxidados o de plástico “feo” que tenía el mueble, a no ser que sean unos tiradores "vintage" de latón y maravillosos que previamente has limpiado y preparado.

Cambiar los tiradores hace que el mueble parezca nuevo de verdad. Un mueble básico pintado de azul marino con unos tiradores dorados modernos parece un mueble de diseño de 500 euros. Un mueble rústico blanco con tiradores de concha negros o de cerámica pintada cambia totalmente de estilo. 

Para cambiar los tiradores, mide la distancia entre agujeros antes de comprarlos, o tendrás que tapar y taladrar, y esto, en la medida de lo posible, es mejor evitarlo.

 

Algunos errores habituales

“Las prisas” son malas compañeras para este viaje, casi siempre ocurre que los resultados empeoran: "Pone secado en 4 horas, pero yo lo toco y parece seco, así que le doy la segunda mano ya". NOOOOOOOO, ERROR. Por fuera, al tacto, está seco, pero por dentro no lo está. Si repintas antes de tiempo, es más que probable que arrastres la capa de abajo y crearás un desastre grumoso, así que, por favor, respeta los tiempos de secado que dice el fabricante, incluso amplíalos si las condiciones de secado no son buenas (por ejemplo, que haya mucha humedad el en ambiente).

Pintar los costados de los cajones por fuera: Quedan muy bonitos en las fotos, pero si pintas los laterales de los cajones (y los carriles/guías de madera antiguos), la capa de pintura aumentará el grosor y el riesgo de que el cajón no cierre bien o de que vaya durísimo. En estos carriles, mejor aplica “cera de vela” o “jabón de pastilla” (restregándola sin más) para que los cajones se deslicen bien, no apliques pintura.

El sangrado de la madera: A veces, pintas de blanco un mueble de madera rojiza antigua (caoba, madera tropical) y aparecen unas manchas rosadas o amarillas que literalmente atraviesan la pintura. Son los “taninos” de la madera. Si te pasa esto, para, necesitas una imprimación especial "anti-taninos" o bloqueadora de manchas. Si sigues pintando encima, la mancha volverá a salir una y otra vez.


 

Conclusión: Atrévete ¡es solo pintura!

Montar un mueble a veces puede dar miedo, pero pintarlo puede llegar a ser hasta “terapéutico”. Ver cómo esa cómoda oscura que "se comía la luz" de la habitación se convierte en un mueble blanco, luminoso y moderno da una satisfacción que no te da el comprarlo, además, nadie tendrá otro igual.

Consejo final: No empieces por la mesa del comedor heredada de la abuela del siglo XIX. Empieza por proyectos más pequeños y simples: una mesita auxiliar barata, un taburete o una caja de madera… Como en todo, hay una curva de aprendizaje, hay que coger confianza y soltura con la brocha, “aprende” cómo fluye la pintura, practica para controlar el goteo. Y cuando le pierdas el miedo... entonces sí, entonces ve a por ese armario gigante del pasillo.

¡Ah!, y si algo sale mal, recuerda: solo es pintura, ¡se lija y se vuelve a empezar!.

¿Tienes dudas sobre qué rodillo va mejor para ese esmalte acrílico o no encuentras el tono exacto de verde oliva que tienes en mente? Pásate por tu Ferretería Optimus de confianza. A veces, el consejo del que está detrás del mostrador vale más que diez tutoriales de YouTube.

¡A pintar se ha dicho!

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